Según los padres presentes, el sacerdote se mostró “visiblemente agitado”, y abandonó la reunión a toda prisa, para volver a los veinte minutos, sin presentar disculpas o explicaciones, y declarar que los niños reciben mucho dinero en regalos de comunión y deberían plantearse donar parte a la iglesia. Los coordinadores y maestros continuaron en su ausencia aunque, según uno de los asistentes, los que habían visto las imágenes estaban “horrorizados”.
El religioso ha declarado desconocer la procedencia de las imágenes, que habrían llegado a una memoria USB que el sacerdote había insertado previamente en otra computadora. La archidiócesis contactó inmediatamente a la policía norirlandesa que ha indicado que, de acuerdo con las pruebas disponibles, no se ha cometido delito alguno.
McVeigh continua siendo investigado, y los padres han solicitado que sea suspendido de sus labores eclesiásticas.
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