sábado, 23 de agosto de 2014

Mireia Belmonte salda con una plata su reto imposible

Al contrario de lo que siempre ha defendido su entrenador, el francés Fred VergnouxMireia Belmonte tiene límites. No lo parecía, pero el exigente calendario de pruebas que afrontaba el jueves en el Europeo de Berlín ha sido un muro en el que se han estrellado sus ambiciones. Afrontaba dos finales consecutivas, los 800 libre, la segunda distancia más larga del programa de piscina con más de ocho minutos sin descanso, y justo después la final de los 200 estilos, poco más de dos minutos donde hay que afinar al límite en cada posta. Saldó la primera prueba con una plata tras la británica Jazzmin Carlin. Tres minutos después, aún jadeante, escuchaba la bocina de salida y se lanzaba al agua. Aguantó como pudo el primer estilo, la mariposa. Pero a partir del segundo, la espalda, se hundía irremisiblemente, exhausta, llegando en último lugar, a un mundo de diferencia del oro, que se colgó la otra 'marathon woman' del cloro, la húngara Katinka Hosszu.

Era, sencillamente, un reto inasumible. La organización de las grandes pruebas de natación suele intentar coordinar las pruebas en las que los competidores doblan esfuerzos: un buen mariposista suele tener un buen libre, y un buen estilista normalmente se interna en la mariposa o la espalda. Pero nadie, salvo Mireia, es capaz de doblar en gran fondo y la prueba corta de estilos, así que nadie se preocupó de compatibilizar ambas pruebas. Aun así, afrontó el desafío con valentía, quizá con un punto de inconsciencia. Ahora ya sabe que, aunque tiene un motor espectacular, en circunstancias extremas también revienta.

No cabe hablar de fracasos en el caso que nos ocupa. Belmonte hizo algo que nadie más se habría atrevido a hacer; en su misma situación, lo lógico, lo que hubiera hecho cualquier otro nadador, es renunciar a una de las dos pruebas para conservar su físico y sus opciones. Ella no. Vergnoux la ha acostumbrado a ir siempre un poco más allá, a dar una brazada más cuando cree que ya no puede. Y lo probó. Pero cayó sobre ella todo el peso de la lógica.

La badalonesa sabía que era una empresa titánica y ya había advertido antes de acudir al Europeo que ganar siete medallas era "del todo imposible". Tenía razón. Acumula por el momento tres medallas en cuatro finales -platas en 800 libre y 400 estilos y bronce en 5 kms. de aguas abiertas- y está en el ecuador de su desafío. Un saldo más que notable.

En el 800, donde se colgó la plata, no especuló. Se fue a por el oro desde el primer largo, imprimiendo un ritmo ligeramente superior al del récord europeo de la británica Adlington. Otra británica, Jazz Carlin, sabía exactamente cuál era la táctica de Mireia y se propuso marcarla muy de cerca para darle el golpe de gracia en el momento oportuno. Siempre estuvo a menos de medio segundo de la española y cambió de ritmo a falta de 200 metros para la conclusión. Se fue sola sin problemas y Belmonte pasó algún apuro para defender su plata de la ofensiva final de la húngara Boglarka Kapas, bronce.

Ni siquiera celebró la plata, con el tiempo justo para secarse, limpiar apuradamente sus gafas con las manos aún temblorosas por el esfuerzo, y lanzarse de nuevo a la piscina. Era un experimento imposible y salió mal, pero la valentía y la inconsciencia suelen ir de la mano y los separa una línea muy sutil. La lección está aprendida y, según ha dejado entrever la propia Mireia, en años venideros seleccionará más sus objetivos. La Belmonte 'caníbal' ha sido magnífica pero esa etapa de su carrera está en los estertores. A partir de los JJ.OO. de Rio'16 seleccionará mucho más sus objetivos

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